México Necesita Principios

México necesita principios

Desarrollo de México

Desde hace muchos años, tal vez desde que tomé conciencia del país donde vivo, comencé a preguntarme de forma recurrente ¿porqué las cosas son de la forma que son en México? Seguramente ya sabes a que me refiero: los bajos niveles educativos, la pobreza (en muchos casos extrema), la enorme corrupción, la falta de solidaridad y de compromiso con el país, el narcotráfico y la violencia, entre muchos otros males que afectan a la nación.

Entre más lo analizo y razono al respecto, más reafirmo mi conclusión de que el origen de todos estos problemas y flagelos que afectan a los mexicanos se derivan de la deficiente educación que recibimos, o para ser aún más específico, el problema se genera por una formación deficiente como personas. Lo anterior no significa que los mexicanos seamos malos por naturaleza o que lleguemos al mundo con una carga genética que nos incite hacia los malos hábitos como la corrupción o la apatía.

No obstante, creo firmemente que el problema se comienza a gestar (en la mayoría de los casos) inmediatamente después de nacer. Nuestros padres y abuelos vienen arrastrando formas de conducta aprendidas muchos años atrás, las cuales con intención o sin ella, nos las transmiten, probablemente porque son las únicas que conocen. Solo hay que recordar que somos descendientes principalmente de una mezcla de indígenas y españoles, que por cierto, estos últimos formaron parte en gran medida de los conquistadores que llegaron con Hernán Cortés, y que en su mayoría eran delincuentes liberados a cambio de participar en esa expedición de conquista.

Por otra parte, tal vez lo más triste de todo es que algunas asociaciones políticas (que no hace falta mencionar) han logrado su permanencia en el poder (y lo siguen haciendo) apostando a la pobreza, al analfabetismo y la mediocridad educativa de la población. Adicionalmente han invertido sus maquiavélicos esfuerzos en volver a los ciudadanos corruptos. Tu podrás adivinar para que: para que no exista un pueblo con la suficiente calidad moral para reprocharles sus malos actos, y por tanto perpetuarse gobernando sin necesidad de ser eficaces, transparentes y sobre todo, sin tener que rendir cuentas a los ciudadanos.

Con esto quiero decir que obviamente nuestras bases antropológicas no son las mejores, aunque tampoco pretendo que lo anterior sirva como excusa para auto-justificarnos; pero si para tener un punto de partida, y entender mejor quienes somos como pueblo. También es oportuno decir que soy un convencido, a pesar de todo, de que en general, hoy somos mejores que antes. No obstante, si seguimos evolucionando como pueblo, al ritmo que llevamos, nos tardaremos cientos de años en alcanzar los niveles actuales de otros pueblos más desarrollados en diversos aspectos: humano, económico, tecnológico, científico, e incluso espiritual.

Para evolucionar o desarrollarnos de forma mucho más rápida requerimos con urgencia de una o varias palancas que nos impulsen de forma más rápida al desarrollo; necesitamos también de una brújula que nos ayude a ubicarnos en el lugar correcto, requerimos también de cimientos sólidos y de una plataforma firme, sólida e indestructible sobre la cual comenzar a construir nuestro verdadero desarrollo.

Esta plataforma no es otra cosa que los PRINCIPIOS.

Los principios son leyes universales que rigen a nuestro mundo, son conceptos inapelables, universales e indiscutibles que no se basan en ideologías, idiosincrasias, religiones, dogmas ni en formas de pensamiento. Por el contrario, los principios están muy por encima de todas esas cosas, y de hecho, deberían ser también la base de todos los conceptos que acabo de mencionar. Los principios son a su vez las herramientas más eficaces para una adecuada toma de decisiones, sobre todo, de largo plazo.

Por supuesto, y como casi siempre sucede, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Deshacer las viejas estructuras y crearlas nuevamente sobre la base correcta, no es cosa fácil, pero es absolutamente necesario. ¿a qué estructuras me refiero?:

  • Al sistema educativo
  • Al sistema económico
  • A los sistemas políticos y de gobierno
  • A las iglesias y religiones
  • A las empresas
  • A las asociaciones
  • A las familias
  • A los individuos o ciudadanos y
  • A todo lo demás.

¿Cómplicado? Por supuesto.

¿Útil? ABSOLUTAMENTE SI.

Cuando logremos mover nuestro país y sus estructuras hacia esta nueva plataforma, nuestras vidas cambiarán también radicalmente. El país se desarrollará de forma gradual, segura y sin retrocesos; las personas se formarán, se educarán y crecerán contando con las mejores herramientas para lograr su máximo desarrollo; nuestra economía será mucho más sólida y menos dependiente de las variables externas de los mercados mundiales; los gobiernos y los políticos comenzarán a hacer lo que realmente deben hacer, y además lo harán por convicción; las religiones serán vehículos mediante los cuales las personas puedan desarrollar libremente su espiritualidad y dejarán de ser negocios o grupos de poder político. Las empresas generarán sus riquezas creando productos y servicios útiles para sus consumidores, los cuales les ayudarán de verdad a mejorar su calidad de vida; las familias serán centros para el desarrollo de las personas y se constituirán como el núcleo para el desarrollo de mejores ciudadanos y organizaciones.

¿Es esto una panacea? Indudablemente; pero tenemos el derecho y la obligación de aspirar a vivirla o de al menos comenzar a construirla para nuestros hijos.

¿Cuáles son estos principios que mejorarán a México y a sus ciudadanos?

Sorprendentemente se trata de conceptos ampliamente conocidos y mencionados, pero también desdeñados. Los principios que México y los mexicanos debemos adoptar para nuestra reconstrucción son:

  • La Verdad
  • El Bien Común
  • El Desarrollo

Basar nuestras vidas en estos principios tiene muchas implicaciones: cambios de paradigmas mentales, re-definición de nuestros valores y cambios profundos en nuestros hábitos personales.

La Verdad.
Para progresar es absolutamente necesario que basemos nuestras vidas y nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás, en la verdad. La verdad nos ayudará a aceptar nuestra realidad, a ser más honestos y a confiar más en otros y que otros confíen en nosotros. La verdad es promotora de la transparencia, de la comunicación honesta, y una herramienta muy efectiva para minimizar y combatir la corrupción, la delincuencia y la opacidad.

Para actuar con la verdad debes preguntarte ¿es realmente cierto lo que digo o pienso? Si no es así, no lo digas. También puedes evaluarte de la siguiente forma ¿lo que quiero tomar para mi, realmente me corresponde o es de mi propiedad? Si, la respuesta es No, no lo tomes.

El Bien Común.
Actuar con base en el bien común es procurar el bienestar propio sobre la base del bienestar de los demás; no solo de nuestra propia familia, pero también de las personas que viven en nuestras comunidades, en nuestro país y en el mundo. Cuando tu y muchas personas a tu alrededor basen sus decisiones y acciones en el bien común, los beneficios para todos serán enormes.

Para actuar basado en el bien común debes preguntarte ¿Lo que estoy haciendo o diciendo me beneficia a mi y a los demás? Si no es así, deja de hacerlo de inmediato.

Desarrollo.
Nuestro propósito en el mundo es crecer, evolucionar y mejorar de forma continua. Dejar de hacerlo, equivale a estar muertos. Pero también es muy importante, que el desarrollo sea en el sentido correcto, y para que sea correcto, este debe basarse en todos los principios. No puedes desarrollar adecuadamente tu riqueza dedicándote a un negocio ilícito, porque estarás en contra de la verdad y el bien común. Las consecuencias de abandonar estos principios, a corto mediano o largo plazo serán siempre negativas.

Para evaluar si te estás desarrollando de forma adecuada puedes preguntarte lo siguiente: ¿soy mejor persona hoy, que ayer o hace un año? ¿estoy aprendiendo algo nuevo? ¿me estoy preparando hoy para afrontar el futuro? ¿dependo de otros financieramente o para ser feliz?

Seguramente te das cuenta que algunas personas que logran desarrollarse económicamente, lo han hecho sin basarse en los principios anteriores, pero también haz visto que muchos de ellos terminan en la cárcel o asesinados. Las empresas y organizaciones que omiten los principios, en el mediano o largo plazo terminan quebradas y desapareciendo.

Los principios son la apuesta segura. No es el camino más fácil, porque requieren de mucho esfuerzo y constancia, pero sus consecuencias de corto, mediano y largo plazo son siempre positivas. En México se nos ha enseñado que “el que no tranza no avanza” pero esto es incorrecto y solo nos daña a todos. La verdad es que la mejor forma de avanzar para nosotros y nuestro país es procurando actuar y vivir basados en la Verdad, el Desarrollo y el Bien Común.

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